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Michael en Irlanda

  • Foto del escritor: Soldier Of Love
    Soldier Of Love
  • 14 dic 2025
  • 8 Min. de lectura

Un refugio para su alma


Corría el año 2006, y Michael atravesaba uno de los capítulos más difíciles de su vida.


Tras ser absuelto el 13 de junio de 2005, después de un largo y doloroso juicio, dejó atrás Neverland y Estados Unidos. Tras un periodo de refugio silencioso en Baréin, Michael llegó a Irlanda en junio de 2006, buscando distancia, calma y sanación.


Aquí, en esta tierra verde, encontró aquello que llevaba tiempo anhelando: paz.

Un lugar donde volver a respirar.

Donde las heridas pudieran empezar a sanar lentamente.

Donde pudiera ser, ante todo, un padre, criando a sus hijos con ternura, lejos del ruido, del juicio y de la mirada implacable de los medios.


Durante aquellos meses en la Isla Esmeralda, Michael se alojó en casas aisladas, viviendo tranquilamente con sus hijos, protegido de los paparazzi, mientras continuaba creando en silencio.


Irlanda se convirtió en ese lugar.

Una tierra que lo recibió con los brazos abiertos. Un país que, sin hacer ruido, terminó siendo un refugio para su preciosa alma.



El artículo de hoy es muy especial para mí. En él quiero compartir la breve pero luminosa estancia de Michael en esta tierra verde, un capítulo poco conocido de su vida, pero lleno de un profundo significado.


Hace un año, yo también elegí mudarme a Irlanda, en busca de lo mismo: paz y un nuevo comienzo. Descubrir aquí la historia de Michael llenó mi corazón de emoción, y saber que en este lugar encontró una parte de la calma que tanto merecía… me hace verdaderamente feliz.


Mucho antes de 2006, Michael ya tenía una conexión especial con Irlanda.

Más allá de sus conciertos con entradas agotadas en Cork y Dublín, realizó varias visitas discretas, lejos del foco mediático.


Bad Tour 1988 en Dublín
Bad Tour 1988 en Dublín

Michael actuando en Lansdowne Road, Dublín, 1992
Michael actuando en Lansdowne Road, Dublín, 1992

Durante esos viajes, disfrutó de pequeños momentos cotidianos: llevar a sus hijos al Lambert Puppet Theatre, visitar una librería en Dún Laoghaire o pasar una velada tranquila jugando a los bolos en Tullamore.


El dueño de la bolera lo recordaba como una persona amable y cercana, feliz de pasar tiempo con su familia como cualquier otro. Aquella noche significó tanto para él que conservó los zapatos de bolos que Michael había usado.


Cuando un repartidor lo reconoció, el dueño respondió con naturalidad que aquel hombre del sombrero curioso no era Michael Jackson, sino “solo un tipo de Tullamore que cree que es Michael Jackson”.


Par de zapatos que Michael usó en el Cosmic Bowl de Tullamore
Par de zapatos que Michael usó en el Cosmic Bowl de Tullamore

Esos momentos silenciosos también quedaron grabados en la memoria de quienes lo conocieron de cerca y vieron, más allá del icono, a un padre amoroso y a un alma gentil.


En el Lambert Puppet Theatre, Eugene Lambert recordó cómo Michael llegó con sus tres hijos, acompañado únicamente por una niñera y un solo guardaespaldas. Pasaron más de dos horas juntos, disfrutando de una función preparada especialmente para ellos, seguida de té y scones.


Eugene recordaba lo atento y cariñoso que era Michael con sus hijos, y lo evidente que era cuánto lo adoraban. Cuando descubrieron que era su cumpleaños, uno de los títeres del teatro comenzó a cantar Happy Birthday. Michael se unió, riendo y cantando con ellos.


“Fue un día maravilloso”, recordaría después Eugene, “un recuerdo precioso”.


El Lambert Puppet Theatre, en Monkstown
El Lambert Puppet Theatre, en Monkstown

Pub en Moate, condado de Westmeath, que Michael visitó
Pub en Moate, condado de Westmeath, que Michael visitó

También recordaba cómo Michael llenaba feliz sus bolsillos de dulces de la pequeña tienda del teatro, como un niño en una tienda de golosinas, lleno de alegría e inocencia.


Lo que más le quedó fue la ternura de aquella escena familiar. Los niños eran educados y respetuosos, y Michael era amable, cálido y profundamente humano.


“No podía conectar al hombre que conocí con el que veía en los medios”, dijo Eugene. “Para mí, era simplemente una persona maravillosa y gentil. Lo quise mucho”.


Irlanda ya había demostrado, casi sin darse cuenta, que sabía cómo cuidarlo.

Y cuando Michael más lo necesitó, este país se convirtió verdaderamente en su refugio.


Michael y su familia, llegando al aeropuerto de Cork en 2006
Michael y su familia, llegando al aeropuerto de Cork en 2006

Michael llegó a Irlanda en el verano de 2006 y se alojó en Blackwater Castle, un lugar donde por fin pudo sentirse en casa, lejos de la persecución mediática que lo había acompañado durante tantos años.


Irlanda se convirtió en su santuario en un momento especialmente delicado de su vida, un espacio de calma donde el ruido del mundo parecía desvanecerse.


Incluso llegó a plantearse establecerse allí de forma permanente. Le atraían la serenidad de los paisajes, la amabilidad de la gente y la profunda sensación de paz que encontraba en estas tierras.


También se decía que sentía una fascinación especial por la mitología irlandesa, los cuentos de hadas y los leprechauns.

Incluso soñó con crear un parque temático inspirado en Irlanda, un lugar mágico conectado de algún modo con su rancho Neverland en Estados Unidos, reflejo de su vínculo eterno con la infancia y la imaginación.


Coolatore House, en el condado de Westmeath
Coolatore House, en el condado de Westmeath

Coolatore House fue el lugar donde Michael y sus hijos residieron durante su estancia en Irlanda, un hogar tranquilo rodeado de naturaleza, elegido para que pudieran disfrutar de una vida calmada y saludable.


Una vez instalados y tranquilo al ver que sus hijos estaban felices y a salvo, Michael comenzó a relajarse.

Había elegido este lugar para que respiraran aire puro, comieran bien y disfrutaran de actividades sencillas: montar a caballo, nadar, pasar tiempo al aire libre, jugar al billar o al ping-pong. Una vida tranquila y sencilla.


No muy lejos de allí se encontraba Grouse Lodge, el estudio de grabación que Michael utilizó durante aquellos meses en Irlanda.

Ubicado en torno a una antigua casa de campo, sus edificios formaban un patio verde oculto a la vista desde la carretera.


Desde el exterior no se veía nada. En su interior, todo transmitía protección. Fue allí donde Michael se sintió a salvo y verdaderamente aislado del mundo.


Con esa sensación de paz recuperada, Michael fue regresando poco a poco a la música.


En Grouse Lodge comenzó a trabajar en nuevo material para lo que esperaba que fuera un álbum de regreso.


Fue allí, en el Studio One, donde retomó oficialmente su colaboración con will.i.am y Rodney Jerkins, quienes viajaron desde Estados Unidos para trabajar junto a él.


Grouse Lodge, Estudio Uno
Grouse Lodge, Estudio Uno

Durante cinco meses, Grouse Lodge fue más que un estudio de grabación: fue un hogar rodeado de naturaleza, donde Michael pudo vivir con calma, crear y pasar tiempo con sus hijos.


Paddy Dunning, el dueño de la casa, no solo fue quien le ofreció ese refugio, sino también alguien que convivió con él durante esos meses y llegó a conocerlo personalmente.

Paddy recordaba cómo Michael se sumergía en la música y la historia irlandesa, siempre consciente de lo que ocurría en el mundo, sin vivir nunca aislado.


Lo que más le impresionó fue la calma y la gratitud con la que Michael recibía el respeto y el cariño de quienes lo rodeaban. Su presencia se mantuvo en secreto durante meses.

Incluso cuando comenzaron a circular rumores, la respuesta siempre era juguetona y evasiva:

“Sí… y Elvis Presley también”.


El silencio, en aquel tiempo, se convirtió en una forma de protección.


Interior de los estudios de Grouse Lodge
Interior de los estudios de Grouse Lodge

En Grouse Lodge compartieron momentos sencillos y felices.

La música fluía sin presión ni expectativas:

Michael a la batería, Paddy a la guitarra y su sobrino a los teclados, hasta que el ritmo se transformaba suavemente en Billie Jean.

“Fue una locura tocar Billie Jean con Michael Jackson”, recordaba Paddy.


Michael pasaba la mayor parte del tiempo grabando en el Estudio Dos, una sala cuyo sonido le encantaba. Lo que más sorprendía a Paddy era su talento natural con cualquier instrumento: piano, batería, guitarra. Tocaba canciones de los Beatles para que todos cantaran juntos, disfrutando de la música en su forma más pura.


Entre todas las anécdotas, hay una que revela con delicadeza su sentido del humor.

Después de que Paddy comprara una figura de Elvis en un museo y la dejara en un bosque cercano, pronto se olvidó de ella.

Hasta que un día, Michael regresó de un paseo sonriendo, visiblemente divertido, y dijo:

“Paddy… acabo de encontrarme con mi suegro en el bosque”.


La figura de cera de Elvis Presley, escondida en el bosque
La figura de cera de Elvis Presley, escondida en el bosque

Michael regresó a Irlanda en el verano de 2007 y se alojó en Ballinacurra House, cerca de Kinsale.

Se decía que incluso llegó a considerar comprar una propiedad en Cork, con la esperanza de crear un refugio para su familia.


Fue allí donde comenzó a escribir lo que más tarde se convertiría en su último álbum.

Y, en medio de la presión financiera y las acusaciones constantes, aquel lugar volvió a ofrecerle algo profundamente esencial:

la posibilidad de vivir una vida tranquila y normal junto a sus hijos.


Des McGahan, el dueño de la propiedad, también habló de Michael con un cariño profundo.

Lo describía como extremadamente amable, educado y humilde, nada parecido a la imagen extraña que a menudo mostraban los medios.

“Solo era inusual en lo normal que era”, recordaba Des. Tímido, tranquilo y dulce.




Sus peticiones eran sencillas: a veces pedía pollo frito o comida china, pequeños gestos de una vida común.

Una petición concreta era que las luces exteriores permanecieran encendidas hasta tarde, alrededor de las once de la noche.


Fue en una de esas noches cuando Des presenció una escena que jamás olvidaría.

Observando en silencio desde entre los árboles, vio a Michael, solo en el jardín, bailando. Practicando. Haciendo moonwalk bajo la luz de la luna, rodeado de silencio.


Un momento íntimo y profundamente mágico.


Tanto en Grouse Lodge como en Ballinacurra House, Paris, Prince y Blanket jugaban libremente con los hijos de los propietarios, disfrutando de una infancia sencilla, lejos de cámaras y miradas curiosas.




Durante su estancia en Westmeath, la familia no tenía coche propio, y Ray, un taxista local, los llevaba a donde necesitaran.

Nunca olvidó la incredulidad de aquel primer encuentro ni la humildad con la que Michael le estrechó la mano, poniendo siempre a sus hijos en el centro de todo.

Los primeros días estaba en shock”, recordaba Ray.

“No paraba de mirarme en el retrovisor, solo para asegurarme de que el hombre sentado atrás era realmente Michael Jackson”.



La comunidad local también desempeñó su papel.

Los agricultores desviaban a los paparazzi, los vecinos bloqueaban accesos y protegían su intimidad con una lealtad profundamente conmovedora.

Michael estaba agradecido por ese apoyo. Decía que era la primera vez que vivía sin guardias de seguridad en la puerta, pudiendo salir a pasear, subir colinas, entrar al pueblo… y simplemente respirar.


Paddy compartió más tarde que, durante aquellos meses, Michael estaba empezando a sanar.

Comía bien, recuperaba fuerzas y volvía a sentirse inspirado por la música.

Hablaba de nuevos proyectos, de colaboraciones con otros artistas y de seguir creando.


Parte de esa música nació en Irlanda. Canciones como Hold My Hand aún conservan el eco de aquel tiempo.


“Irlanda me ha inspirado para hacer un gran álbum. Nunca he dejado de creer en la música”, dijo Michael.


Michael junto a will.i.am en Grouse Lodge, en el Studio One
Michael junto a will.i.am en Grouse Lodge, en el Studio One

Hacia el final de su estancia, incluso comenzó a buscar casas para comprar.

Aunque tenía una base en Londres para lo que más tarde serían los desafortunados conciertos del O2, también planeaba seguir regresando a Irlanda, lejos de la presión constante de los medios.


A veces resulta inevitable preguntarse si, de haberse quedado en ese refugio verde que lo cuidó con tanta ternura, si el silencio y el respeto lo hubieran acompañado un poco más, quizá hoy seguiría entre nosotros.


Irlanda le ofreció paz, humanidad y un lugar donde pudo volver a ser él mismo. Y aunque su camino finalmente lo llevó lejos de allí, ese capítulo permanece como uno de los más luminosos y esperanzadores de sus últimos años.


Hoy, al caminar por estas mismas tierras verdes que una vez lo abrazaron, no puedo evitar sentir que Irlanda aún guarda algo de él. Quizá por eso este lugar se ha vuelto tan especial para mí.

Porque aquí, Michael encontró paz… y, de algún modo, su luz sigue viviendo en estos paisajes.


Carta de agradecimiento que Michael dejó a la familia Dunning
Carta de agradecimiento que Michael dejó a la familia Dunning

Con todo mi corazón,

Daniela 🌻


Querido lector, gracias por estar aquí.

Por tu tiempo, tu corazón y tu presencia.

Te lo agradezco más de lo que las palabras pueden expresar.

Si deseas saber más sobre la estancia de Michael en Irlanda, encontrarás los enlaces a continuación.






 
 
 

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